Edición eficiente
Papeterie Darblay, Essonne, Île-de-France. Grabado en madera de H. Linton, 1859, según E. Bourdelin. Wellcome Collection. Public Domain Mark.Las ediciones críticas digitales salen caras. La transcripción, la traducción y la anotación, que exigen una mano de obra muy cualificada, suman miles de horas de trabajo y requieren una financiación considerable, además de un apoyo institucional sostenido en el tiempo.
En cierto modo, es una suerte que los proyectos más visibles de las humanidades digitales consigan las enormes sumas que necesitan para funcionar.
Ahora bien, depender de la munificencia de fundaciones acaudaladas, universidades y organismos públicos, y necesitar durante años un despliegue considerable de recursos humanos, no es un modelo económico con futuro. Aunque cada vez más investigadores puedan permitirse ambiciosas ediciones digitales de fuentes primarias, la práctica sigue siendo privilegio de unos pocos países ricos, cuya hegemonía cultural refuerza.
Para que los documentos históricos de todo el mundo lleguen a un público más amplio, el coste de las ediciones críticas digitales tendría que bajar varios órdenes de magnitud .
En esta serie de entradas evalúo los distintos enfoques y piezas tecnológicas con que investigadores de cualquier lugar del mundo pueden publicar fuentes primarias más deprisa y con un gasto mínimo.
Me detendré, en particular, en tecnologías como el aprendizaje automático, la cadena de bloques (blockchain) y el almacenamiento descentralizado.
