Edición eficiente

12 de diciembre de 2021 · 1 min de lectura
Papeterie Darblay, Essonne, Île-de-France. Grabado en madera de H. Linton, 1859, según E. Bourdelin. Wellcome Collection. Public Domain Mark.
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Las ediciones críticas digitales salen caras. La transcripción, la traducción y la anotación, que exigen una mano de obra muy cualificada, suman miles de horas de trabajo y requieren una financiación considerable, además de un apoyo institucional sostenido en el tiempo.

En cierto modo, es una suerte que los proyectos más visibles de las humanidades digitales consigan las enormes sumas que necesitan para funcionar.

Ahora bien, depender de la munificencia de fundaciones acaudaladas, universidades y organismos públicos, y necesitar durante años un despliegue considerable de recursos humanos, no es un modelo económico con futuro. Aunque cada vez más investigadores puedan permitirse ambiciosas ediciones digitales de fuentes primarias, la práctica sigue siendo privilegio de unos pocos países ricos, cuya hegemonía cultural refuerza.

Para que los documentos históricos de todo el mundo lleguen a un público más amplio, el coste de las ediciones críticas digitales tendría que bajar varios órdenes de magnitud .

En esta serie de entradas evalúo los distintos enfoques y piezas tecnológicas con que investigadores de cualquier lugar del mundo pueden publicar fuentes primarias más deprisa y con un gasto mínimo.

Me detendré, en particular, en tecnologías como el aprendizaje automático, la cadena de bloques (blockchain) y el almacenamiento descentralizado.

Clément Godbarge
Autores
Profesor de Humanidades Digitales
Clément Godbarge es profesor de Humanidades Digitales en la Universidad de St Andrews. Su investigación gira en torno a la ciencia y el arte de gobernar en la Europa de la Edad Moderna. En su libro de próxima publicación examina cómo los médicos integrados en las cortes de Francia e Italia del siglo XVI se promocionaron como expertos políticos de un nuevo género. Su investigación ha contado con el apoyo de la Fundación Andrew W. Mellon, la Comisión Fulbright, la Renaissance Society of America y la Universidad de Harvard.